Últimamente me he sorprendido mucho pensando hacia mi misma: “que cansada estoy”; al principio tenía la sensación de que solo se trataba de las consecuencias de los cambios en mi rutina y tenía que acostumbrarme, después comencé a sospechar que tal vez me estaba exigiendo más de lo adecuado, aunque no lograba identificar exactamente qué estaba pasando.

Buscando encontrar la causa del cansancio comencé a poner mucha más atención al momento del día en que me sentía cansada, qué estaba pasando, de que personas estaba rodeada y para mi sorpresa… conforme han pasado los días me he percatado de que cada vez estoy más cansada, ¡en más momentos del día!

Aunque yo sé que puedo explicar mi situación por el síndrome de cuarentena y encierro del que ya hemos hablado antes eso no significa que en la vida cotidiana (con aislamiento social o sin él) no tengamos algunos hábitos que drenan por completo nuestra energía:

  1. Ser perfeccionista: poner atención a los detalles está bien si esto es parte de tu personalidad y te hace sentir seguro, sin embargo, cuida no poner demasiado energía cuidando detalles de un trabajo que seguramente ya está perfecto.
  • Preocuparte por lo que no puedes controlar: este hábito no solamente utiliza energía que pudieras estar empleando en otra cosa, también aumenta significativamente tus niveles de frustración… ¡déjalo ir!
  • Pasar tiempo con gente que te desmotiva: seguramente puedes identificar a dos o tres personas en tu entorno que nunca tienen algo bueno que decir y todo lo contrario, pareciera que siempre tienen una buena “crítica constructiva” para todo. Pon un poco de espacio, notarás enseguida como cambia tu perspectiva.
  • No saber decir que no: está genial ser proactivo y querer formar parte activa de un equipo (o muchos, si lo tuyo es el multitask), pero ¡aguas! Muchas veces esta proactividad nos lleva a tener muchos más pendientes en nuestra lista de “cosas por hacer” de las que son humanamente posibles hacer en un día. Esa sensación no solo te quita de toda tu energía disponible, también consume el tiempo que podrías estar utilizando en actividades valiosas para tu vida; decir que no en algunas ocasiones no será fácil, pero en seguida notarás la diferencia y agradecerás haber empezado.
  • Poner demasiada atención a las acciones y palabras de los demás: ya es suficiente tener que estar pendiente de tus propias acciones y palabras todo el día como para además tener que dividir tu atención en las de los otros, ¿no crees? Entiendo que hay algunas personas especiales en tu vida de quienes pensarás “¡pero necesito saber qué opina!” está bien, alguna que otra opinión externa no nos cae mal, solo cuida no estar muy atento a todo lo que piensan todas las personas que te rodean, no solo mejorará tu nivel de energía, seguro que también te sentirás un poco más feliz.
  • Dejarte absorber por lo que les preocupa a otros: si eres muy empático este punto podría ser especialmente difícil para ti. Los seres humanos somos seres sociales, convivimos con otros y es completamente natural que nos preocupe lo que le sucede a las personas que están a nuestro alrededor pero recuerda una cosa: no eres superhéroe de nadie; a cada quien le tocan sus propios problemas.
  • Ayudar a personas que no quieren ser ayudadas: ofrecer tu ayuda cuando es bien aceptada no solamente puede aumentar tus niveles de energía, también mejorará tu sentido de autoeficacia y aceptación personal. Sin embargo, el asunto es muy diferente cuando intentas ayudar a gente que no lo está pidiendo porque ahí el gasto de energía es doble: debes gastar energía en el convencimiento y después en la ayuda… ¡ahórratelo!
  • Hacer un trabajo que no disfrutas: dicen por ahí que “si amas lo que haces no tendrás que trabajar un solo día en tu vida”. No todos tenemos la oportunidad de tener el trabajo de nuestros sueños, sin embargo, pasamos más de un tercio de nuestros días trabajando y hacerlo en algo que no disfrutamos no solo drenará tu energía, también te está haciendo perder un poco de vida; si es tu caso tal vez es momento de comenzar a explorar los horizontes laborales.

¿Cuántos de estos identificaste en ti? Aunque sea solo uno, intenta hacer un cambio consciente y significativo, verás que mejorarán aspectos de tu vida que tal vez ni siquiera habías notado que eran susceptibles de mejora.

Por: Carmen Lizola

Egresada de la Universidad Panamericana. Licenciada en Psicología, especialista en Psicología Organizacional. Maestra en Alta Dirección por la Escuela Bancaria Comercial. Apasionada del funcionamiento de la psique y comportamiento humano. Experiencia en el ámbito de la psicología clínica y organizacional, enfocada en la creación de estrategias globales de intervención; intervenciones realizadas tanto en el ámbito público como privado, con especial enfoque en la gestión de capital humano. Amante de la naturaleza, los animales y el mar.