En los últimos meses el tema principal de prácticamente todas las conversaciones ha estado enfocado en la salud, ¿cuánto nos estamos cuidando? ¿cómo nos estamos cuidando? ¿estamos realmente tomando todas las medidas necesarias? Sin embargo, todos estos cuestionamientos sobre el cuidado de nuestra salud están generalmente enfocados a nuestra salud y bienestar físicos, pero… ¿qué está pasando con nuestra salud mental?

No conozco a una sola persona cuyo estilo de vida no se haya visto radicalmente modificado a raíz de la pandemia que estamos viviendo. En cuestión de días, o semanas para quienes tuvieron un poco más de suerte, nos vimos en la necesidad de adaptar todas las actividades de nuestra vida cotidiana para que pudiéramos realizar prácticamente todo en un pequeño espacio que adaptamos en casa.

Al principio solía escuchar lo afortunados que somos muchos de nosotros porque pudimos “mudar” nuestra vida entera, trabajo, reuniones sociales, actividades recreativas y mucho más a un mundo digital. Sin embargo, nunca nos detuvimos a pensar en los posibles efectos que esta exposición podría tener para nuestro bienestar físico y psicológico.

Ya hemos hablado en semanas anteriores sobre los efectos que el aislamiento está comenzando a tener en muchas personas; hablamos, entre otras cosas, sobre las modificaciones en patrones de sueño, conducta alimenticia y serenidad mental.

¿De dónde vienen estos cambios? Por muy poco creíble que parezca (porque creemos que los seres humanos somos criaturas muy “evolucionadas”) nuestro cerebro funciona de una forma bastante primitiva, es decir, de manera muy parecida a cómo funcionaba muy al principio de nuestra existencia y antes de toda nuestra evolución. Todos los sistemas que hacen que nuestro cuerpo funcione están regidos por señales biológicas, que suelen ser hormonales y de neurotransmisores, que le dicen a un sistema en específico qué hacer, cuándo y cómo hacerlo.

Nuestro ciclo sueño-vigilia, nuestros reguladores de hambre y saciedad y las partes específicas de nuestro cerebro que regulan nuestras emociones más básicas están altamente reguladas por indicadores externos a nuestro cuerpo: la luz del día, cuantas horas has pasado despierto, cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que ingeriste alimentos y has estado en actividad, etc. De esta manera nuestros sistemas saben cuando es momento de ir a descansar, comer o hacer cualquier otra actividad básica.

Y entonces… ¿qué pasa cuando estamos expuestos a la tecnología 24/7? Estamos constantemente estimulando a nuestro cerebro, complicando gravemente el trabajo de nuestros sistemas para saber cuál es el mejor momento para dormir o comer y afectando de pasada nuestras reacciones emocionales.

Sé que no tenemos mucha opción y que por ahora la mejor forma que tenemos de adaptarnos a nuestra nueva realidad es hacer el mejor uso posible de la tecnología, sin embargo, debemos aprender a cuidarnos si no queremos salir de esta pandemia con más dificultades fisiológicas de las que teníamos antes de iniciar. Aquí hay algunos consejos para lograrlo:

  • Limita tu tiempo en pantalla. Ya sé que no es nada fácil, yo misma me sorprendo casi todos los días frente a la computadora por más de 12 horas, sin embargo, lo importante es hacer un esfuerzo consciente y limitar en la medida de lo posible el tiempo que pasamos estimulando a nuestro cerebro con la luz blanca de los aparatos electrónicos.
  • Mantén horarios de sueño. Lo ideal sería que todos los días te acostaras a la misma hora y despertaras de la misma manera; pero como esta petición es poco real, solo haz un esfuerzo por colocar la cabeza en la almohada antes de la media noche.
  • Levántate temprano. Ya sé que esto también es difícil, sobre todo en estos días en los que todos sentimos que debemos “aprovechar” el tiempo que tenemos para dormir, pero, si quieres lograr irte a la cama temprano será necesario que inicies tu día también desde temprano para que tu cerebro se acostumbre a los nuevos horarios de trabajo.
  • Deja también el celular. Mínimo media hora antes de ir a la cama (aunque los expertos dicen que lo mejor es un mínimo de una hora) deja también el celular de lado. Aunque sea más pequeño su luz también estimula a tu cerebro y tiene exactamente los mismos efectos negativos que la computadora o la televisión.
  • Establece horarios alimenticios. Por el desbalance en nuestros horarios de sueño y las modificaciones en actividad física la mayoría de nosotros también hemos comenzado a ver cambios en nuestras necesidades alimenticias. Intenta comer con un horario, aunque no te apetezca mucho, esto ayudará a regular los sistemas naturales de tu cuerpo.

Por último: ten paciencia. Todo esto pasará y no hay nadie en tu entorno que no esté también pasando por un momento complicado así que, no te sientas solo, literalmente, estamos todos juntos en esto.

Por: Carmen Lizola

Egresada de la Universidad Panamericana. Licenciada en Psicología, especialista en Psicología Organizacional. Maestra en Alta Dirección por la Escuela Bancaria Comercial. Apasionada del funcionamiento de la psique y comportamiento humano. Experiencia en el ámbito de la psicología clínica y organizacional, enfocada en la creación de estrategias globales de intervención; intervenciones realizadas tanto en el ámbito público como privado, con especial enfoque en la gestión de capital humano. Amante de la naturaleza, los animales y el mar.