La amenaza del cambio climático global ha llevado a la humanidad a rediseñar muchas de las tecnologías con el fin de ser más eficientes en cuestión de energía. Desde automóviles híbridos, hasta el desarrollo de iluminación LED; a pesar de los grandes avances en el tema de tecnología, el cuerpo humano tiene una huella ecológica. Ello comienza a generar dudas en la comunidad científica sobre si las personas podrían ser más eficientes energéticamente.

Un artículo publicado en Ethics, Policy & Enviroment expone que una serie de modificaciones biomédicas podrían ayudar a los seres humanos a consumir una menor cantidad de energía. Algunas propuestas van desde renunciar a la carne por razones ecológicas, hasta el hecho de emplear ingeniería genética o terapia hormonal para realizar partos.

Matthew Liao, principal autor del artículo y profesor de filosofía y bioética en la Universidad de Nueva York explicó que el informe no está destinado a abogar por ninguna modificación humana en particular. Sin embargo, pretende introducir la ingeniería humana como una posible solución parcial al cambio climático, también hizo hincapié en el carácter voluntario de las modificaciones propuestas.

A pesar de tener una idea firme sobre el cambio climático, Liao expresó que la ingeniería humana podría ser una solución más ética y efectiva para frenar las emisiones de dióxido de carbono (CO2). «Tal parece que es bastante difícil orquestar acuerdos internacionales viables para frenar la contaminación, por tanto, necesitamos otras estrategias para ofrecer una reducción realmente efectiva para frenar el cambio climático».

En cuanto a temas de geoingeniería, los expertos detallan que se han sugerido en varias ocasiones emplear alternativas para alterar la reflectividad de la atmósfera. Es decir, a través de aerosoles de sulfato se puede rechazar una porción del calor del sol, pero podría ocasionar daños a la capa de ozono, un resultado aún más fatídico.

Otras argumentan que fertilizar el océano con hierro podría beneficiar al medio ambiente, al hacerlo, podría alentar una floración masiva de plancton el cual absorbe dióxido de carbono. Pero hacerlo podría causar un ambiente inhóspito para la fauna marina, por ende, un problema para los ecosistemas de los océanos.

Por esa razón, los científicos apuestan por una estrategia de ingeniería humana, principalmente para reducir el consumo de carne a nivel global. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 18% de las emisiones de gases tipo invernadero proviene de la ganadería. Asimismo, la ganadería representa hasta el 51% de las emisiones de gases en todo el mundo y el 9% ocurren por la deforestación para la expansión de pasturas para el ganado.

Dado que una gran parte de vacas y otro tipo de animales de pastoreo se crían para el consumo, parece una alternativa para frenar el cambio climático reducir el consumo de carne y así generar beneficios ambientales. El informe estima que una reducción menor del 21 al 24% de carne podría resultar en la misma reducción de CO2 en la producción total de alimentos orgánicos.