La falta de equidad genérica, provocada por una serie de prácticas obsoletas heredadas, impuestas y continuadas desde la época del oscurantismo medieval es un síntoma inequívoco de lo lejos que estamos de alcanzar una sociedad igualitaria para todas las personas que la conformamos.

Y es que, para lograr una verdadera equidad el hombre deberá irremediablemente renunciar a los privilegios que ostenta de manera visible e invisible, con todo el horror que eso suponga para muchos.

Si bien estamos formados socialmente por muchas ideas de género que se fueron construyendo siglo tras siglo, en las que se asignaron de manera artificial roles tanto a hombres como a mujeres, hoy es tiempo de rebasar esos esquemas en favor de una sociedad que mire su futuro fuera del planeta.

De entrada hay que repensar la idea de Dios como creador de la tierra, puesto que siglos de búsqueda de conocimiento nos dado la certeza que dios no es más que una construcción social para tratar de homogenizar un grupo de personas bajo una misma idea.

Así cambiamos históricamente de adorar a la lluvia, al sol, a la guerra, al vino, al mar etc. A adorar a un solo dios “creador del cielo y de la tierra” y en aras de esa adoración limitamos, torturamos y asesinamos a quienes pensaran diferente.

Eso nos provocó siglos de atraso tecnológico y científico.

Que solo pudimos recuperar cuando las diferencias irreconciliables entre religiones provocaron guerras y conflictos, lo cual de manera paradójica ayudo a la expansión del conocimiento y de las ideas liberales.

Hoy el mundo enfrenta un batalla ideológica entre distintos sectores de personas, unas que abogan por la “vida” y el “orden natural de las cosas” y otras quienes nos oponemos a seguir por el camino de la “virtud y de la obediencia”

Las mitologías religiosas como la cristiana, musulmana, católica, judía y anexas, que abogan por un mundo cerrado, donde impera la idea de adorar a dios, y de imponer esa única fe a todas las personas del mundo mundial ignoran por completo la diversidad que rige la creación, la vida y el universo.

El universo, conformado por billones de galaxias, es mucho más grande que cualquiera de sus “divinos dioses, hijos de dioses o pequeños profetas”, en términos reales la tierra misma no es más que otro minúsculo grano de polvo en el universo.

Ni somos tan únicos ni somos tan especiales.

Y esa idea fundamental, concreta, y aterradora es la que al final demuestra la inexistencia de cualquier ser divino en la historia del universo y por consiguiente de la formación divina de la tierra y del ser humano.

Si aceptamos el hecho inequívoco de que no existe ninguna divinidad y que nuestra mera existencia es una suerte de azar temporal, nos libraremos de viejas cadenas que impiden entender que somos, todos los seres vivos del planeta, los que debemos luchar por preservar nuestra existencia.

Y que esa lucha debe comenzar por el hecho de tener todas las personas que existimos, los mismos privilegios, derechos y obligaciones.

No debe existir ninguna ley, ni divina ni humana, que otorgue poder al hombre sobre la mujer, o al hombre sobre cualquier otro género.

Y que sea cada persona la que pueda por derecho propio asumir el rol genérico que desee, sin que ello sea motivo para que ser señalada perseguida o juzgada.

Y quienes nacimos hombres y asumimos con gusto esta identidad de género, debemos replantearnos y renunciar a privilegios que gozamos, por muy inofensivos que parezcan, como no realizar labores del hogar, pensar que solo por ser proveedores somos dueños de una persona, decidir cómo hombres, lo que una mujer debe sentir, pensar o querer.

Y otros más terribles como conservar nuestro apellido por “costumbre”, depositar nuestro “honor” en la vagina de una hembra, pensar que “si alguien nos gusta, tiene la obligación de satisfacernos” etc.

Debemos como hombres comenzar por entender que la palabra “RESPETO” tiene un significado más profundo que la palabra tolerancia, y es en esencia, entender que existen otras maneras de existir que solo lo que yo quiero.

Por: Netzahualcoyotl Paredes

Periodista, Fotógrafo, Gamer, Lector y Cinéfilo.
Presente en medios de comunicación desde el siglo pasado.
Ganador del Premio México de Periodismo en 2015.
Siempre busco pero no encuentro…