- La educación divergente propone una ruptura consciente con este paradigma, colocando al estudiante como protagonista del proceso educativo y reconociendo que el aprendizaje ocurre dentro, fuera y a pesar de la escuela.
- Uno de los ejes centrales de esta propuesta es la integración de la neurociencia, destacando que el aprendizaje se activa a través de la emoción y de experiencias significativas.
- Castañeda subrayó que el desgaste docente y las presiones del sistema han desplazado la vocación pedagógica hacia dinámicas de control, situación que puede transformarse al comprender cómo aprende el cerebro humano.
La doctora Mayra Castañeda, presidenta de la Comisión Iberoamericana de Educación de Calidad Educativa, autora del libro Educación Divergente y rectora de la Universidad Hispano Americana del Bajío, Campus Península de Yucatán, presentó un análisis profundo al modelo escolar tradicional y una propuesta pedagógica que busca reconstruir el sentido del acto educativo desde una perspectiva humana, emocional y neurocientífica.

De acuerdo con la especialista, la educación tradicional aún responde a un modelo fabril heredado de la escuela prusiana, caracterizado por la estandarización, el control y la linealidad del aprendizaje. “La escuela se ha asumido como una institución de regulación y ensamblaje de individuos, bajo la premisa errónea de que todos los estudiantes aprenden igual y al mismo ritmo”, señaló.
Frente a este paradigma, la educación divergente plantea una ruptura consciente con lo convencional. Su principio central es reconocer que el aprendizaje no se limita a la escolarización y que el verdadero protagonista del proceso educativo es el estudiante, no la institución. “Se puede aprender dentro, fuera y a pesar de la escuela. Aprender es tan natural como respirar”, afirmó Castañeda.
Uno de los ejes fundamentales de esta propuesta es la integración de los aportes de la neurociencia al aula. La doctora Castañeda explicó que el desgaste docente y las tensiones del sistema educativo han desplazado la vocación pedagógica hacia dinámicas de control y supervivencia laboral. Sin embargo, comprender cómo funciona el cerebro humano permite transformar esta realidad.
“La neurociencia ha demostrado que el aprendizaje ocurre a través de la emoción. Cuando una experiencia sorprende, conmueve o resulta significativa, el cerebro aprende”, subrayó. En este sentido, la arquitectura del pensamiento divergente promueve escenarios educativos que rompen con la respuesta única, el pensamiento lineal y la idea de lo ‘correcto’, favoreciendo la creatividad, la curiosidad y la implicación activa del estudiante.

La educación divergente incorpora también el enfoque de la heutagogía, una evolución de la andragogía, que concibe al aprendiente como dueño de su proceso formativo. No se trata únicamente de generar conocimiento de manera autónoma, sino de apropiarse de él, transformarlo y hacerlo parte de la identidad personal y colectiva.
“Cuando el aprendizaje genera placer, sentido de pertenencia y transformación social, deja de ser una obligación y se convierte en un acto profundamente humano”, explicó la autora.
Durante su reflexión, Castañeda enfatizó el impacto de los actores visibles e invisibles del sistema educativo —autoridades, estructuras administrativas y exigencias sociales— en la motivación y el bienestar emocional tanto de estudiantes como de docentes. “Un docente sin bienestar emocional difícilmente puede acompañar el bienestar de sus estudiantes. El adulto es el modelo que inevitablemente se replica”, afirmó.
Asimismo, cuestionó la transformación de la escuela en un espacio de transacción y contención social, alejándola de su vocación esencial: el aprendizaje y la construcción de ciudadanía.
Más que un espacio de resistencia, la educación divergente concibe el aula como un escenario vivo, donde el aprendizaje se convierte en motor de sorpresa, vínculo y transformación. A través del aprendizaje basado en desafíos, el docente asume el rol de “dificultador”: una figura que cuestiona, provoca y acompaña el crecimiento cognitivo y emocional del estudiante.
Este análisis lo realiza en el marco del Congreso Internacional en Educación Divergente 2026, que se celebrará del 26 al 28 de marzo en Mérida, Yucatán, donde se reunirán especialistas, docentes, investigadores y actores del ámbito educativo para reflexionar y dialogar sobre los nuevos paradigmas del aprendizaje y la transformación del sistema educativo.
El encuentro es organizado por la Comisión Iberoamericana de Calidad Educativa, la Universidad Hispano Americana del Bajío, Campus Península de Yucatán, Editorial Descubriendo y la Universidad CICE, con el objetivo de consolidar un espacio de intercambio académico y pedagógico que impulse modelos educativos centrados en el pensamiento divergente, la autonomía del aprendiente y la innovación educativa.