En sociedades como la nuestra, y en general en las culturas latinas, decir que “sí” a todo lo que se nos pide es visto como una muestra de amabilidad y buena educación. Sin embargo, es muy importante tener mucho cuidado cuando se intenta decir que sí a diferentes peticiones porque se busca ser “amable” y “cumplido”, ya que en muchas ocasiones en realidad se está cayendo en un patrón sumiso del cual posteriormente es muy difícil salir.

Cuando una persona se acostumbra a decir que sí a todo inconscientemente se crea la idea de que es su obligación asentir para entonces hacer sentir bien a los demás, ser “suficiente” o “digno de cariño” y en la gran mayoría de las ocasiones se comienza a perder lo que la persona realmente es, para entonces poder ser lo que otros desean o necesitan.

Uno de los problemas principales de este patrón de conducta es que es literalmente imposible complacer siempre al prójimo y cuando esto no se logra la persona suele generar sentimientos de insuficiencia, con bajos niveles de autoestima y autoeficacia.

Las personas que presentan este patrón de conducta suelen sentirse abrumados la gran mayoría del tiempo, ya que aceptan muchas más actividades de las que son capaces de manejar y comienzan a dejar de lado actividades importantes para ellos para poder tener tiempo suficiente para los “favores” que les han pedido los otros.

No decimos que nunca hagas nada por el prójimo, pero definitivamente decir que “sí” ante cualquier situación debe ser algo que hagas por interés y deseo propio y genuino, si no es así, aquí hay algunos elementos que pueden ayudarte a decir que no más fácilmente:

  • Gana tiempo y piensa antes de responder. Si estás acostumbrado a decir que sí a absolutamente todo lo que te piden es probable que tu primer instinto sea aceptar la petición y posteriormente reflexionar sobre tu deseo de hacerlo; utilizar frases como “deja que lo piense”, “¿para cuando necesitas una respuesta?” ayudarán a que no digas ni sí ni no de primera instancia y tengas oportunidad de hacer un análisis más a consciencia de lo que deseas hacer.
  • Pregunta “¿por qué?” cuando te pidan algo. Conocer la razón del porque te están pidiendo el “favor” te dará más elementos para tomar tu decisión; además, es probable que encuentres que en ocasiones algunas personas te piden que tú realices esas actividades porque saben que dirás que sí y ellos simplemente no desean hacerlo.
  • Sé asertivo. Muchas personas piensan que ofenderán al otro si le dan una respuesta negativa a su petición; intenta decir que no desde tu punto de vista, explicando tus motivos, emociones y otras actividades para que el otro conozca las razones.
  • Mantente firme. No es suficiente decir que no de primera instancia si al insistirte terminarás cediendo; no será nada fácil, pero es importante que te mantengas fijo en tu postura o de nuevo terminarás con más cosas en tu plato de “cosas por hacer” de las que puedes manejar.
  • Conoce tus límites. Como ya mencionamos antes, se trata de encontrar un equilibrio, decir que sí en algunas ocasiones está bien, siempre y cuando no te quite tiempo que realmente necesitas para hacer cosas más valiosas para ti.

Sé que estas herramientas pueden sonar fáciles, pero son un poco más difíciles de incorporar a nuestro repertorio de respuestas inmediatas de lo que parece. De principio, intenta solo tenerlas en mente y utilizarlas en la medida en que te sea posible, sin que te sientas obligado a hacerlo; seguramente encontrarás que conforme más las utilizas más fácilmente recuerdas cómo usarla en la próxima ocasión. Y si no es así, tampoco pasa nada, si hoy dijiste que sí a algo y después reflexionas que no es lo que realmente deseabas hacer no pasa nada, simplemente vuelve a intentar la próxima vez.