La crisis sanitaria originada por la COVID-19 ha ocasionado severas afectaciones al empleo en México durante los primeros trimestres en el año 2020. Han sido millones los mexicanos que fueron despedidos; a algunos les redujeron su salario mientras que otros tuvieron la suerte de conservar su trabajo (con el mismo sueldo) realizando “home office”. A partir de ese hecho, las autoridades de salubridad para aplanar la curva de contagios implementaron medidas de confinamiento así como el distanciamiento social. Posteriormente, declararon una emergencia sanitaria en la cuál se estableció un semáforo epidemiológico además de clasificar las actividades económicas como esenciales y no esenciales. Aunado a esto, el semáforo se actualiza cada semana conforme a la capacidad hospitalaria y tendencia de contagios. Es decir, el color rojo refleja una  alta alerta  de contagios, por el otro lado el color verde representa un bajo riesgo de la transmisión del virus.

Sabemos muy bien que estas medidas tienen la intención de hacer frente a la pandemia, pero también han afectado a la actividad económica del país. En marzo se comenzó a prever algunos puntos de la crisis económica. Sin embargo, fue hasta el mes de abril que lograron acentuarse. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) menciona que está situación afectara en tres aspectos fundamentales al mercado laboral.  

  1. El aumento considerable al desempleo y subempleo.
  2. La reducción a los ingresos laborales, derivado de lo ya mencionado y finalmente; 
  3. La repercusión a los grupos vulnerables  

Los estudios realizados por la OIT estiman que el aumento del desempleo a nivel mundial ronda entre los 5.3 a 24.7 millones de personas.  Los trabajadores informales están siendo afectados porque no cuentan con el derecho a las bajas laborales (por ejemplo; indemnización o finiquito),  además de no tener acceso al seguro social.

El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) establece que en México durante el primer trimestre, alrededor de 12 millones de mexicanos perdieron su empleo y formaron parte de la población económicamente inactiva (PEI). En ese momento, dichas personas tenían la disponibilidad de trabajar pero no buscaban activamente un trabajo por la suspensión de labores en la economía del país. Como se mencionó anteriormente, las personas que laboran en la informalidad son los más afectados por esta situación.  Entre marzo y abril alrededor del 60% de los trabajadores sin un sueldo fijo perdieron su empleo y de los independientes fue un 40% ya que no pudieron ejercer sus actividades. El nivel de pobreza fue en aumento con respecto a los empleados sin un sueldo fijo ya que trabajan en condiciones desfavorables de seguridad e higiene, en donde el contacto personal es indispensable.

Otro punto que se debe de considerar es la participación activa de las mujeres en el campo laboral. Desafortunadamente, los sectores en donde tienen mayor intervención han sido  desfavorecidos por la pandemia. Además, las trabajadoras enfrentan barreras como el trabajo no remunerado y laboran en condiciones de desigualdad respecto a los hombres. Un estudio realizado en el 2017 por la OIT llamado “Hacia un futuro mejor para las mujeres en el trabajo”  refleja datos cruciales. Uno de ellos es que algunas mujeres tienen el  interés de trabajar pero están bajo un cierto contexto que les impide hacerlo; ya sea porque son las encargadas de las actividades domésticas, son responsables de los cuidados de niños, personas enfermas, de adultos mayores o algún familiar.

 Adicionalmente, otro factor a considerar es que posean algún impedimento físico; ya sea de forma permanente o temporal como un embarazo o que padezcan alguna enfermedad grave. En otras palabras, el estudio muestra que las mujeres que están inactivas, pero quieren trabajar aún se ven limitadas por cuestiones culturales y sociales. Las condiciones que a traviesan las mujeres (antes de la pandemia) y con la llegada de este nuevo virus, han perpetuado la brecha de la desigualdad en el mercado laboral. Una buena noticia es que en los últimos meses han incrementado los registros del empleo formal para las mujeres, quizás con un ritmo menor respecto a los varones. Sin duda alguna, es un paso importante ya que ellas son un pilar para la reactivación de la economía del país.

Para poder frenar las dificultades que atraviesa el campo laboral, el IMCO propone las siguientes soluciones. Evaluar la efectividad del sector público con el empleo ya que las autoridades tienen que conocer el impacto de sus programas sociales y las estrategias que realizan para retener la pérdida de empleos. Por lo tanto,  se tienen que rediseñar los programas de apoyo, enfocados a la recuperación de los ingresos laborables para las personas que laboran en situación de informalidad. Por ejemplo; el plan de rescate implementado en los primeros meses de la pandemia, no tiene como objetivo a las y los trabajadores desempleados, por eso es importante una reestructuración. Otro de los mecanismos que podrían ayudar es la disminución de las cuotas obreras patronales, así como la reducción de manera temporal del impuesto sobre nómina para promover el empleo formal. De igual manera simplificar los trámites para la creación de empresas que están dispuestas a contratar y reducir los costos de contratación e incentivar con estímulos fiscales dichos procesos.

La recuperación del empleo durante los últimos meses se ha suscitado de forma paulatina. Se han cumplido nueve meses desde la llegada de la pandemia a México y está emergencia sanitaria ha dificultado el campo laboral, condicionando la calidad de vida de millones de personas. Sin embargo, desde este espacio tenemos que reconocer la labor que ha ejercido los sectores público y privado para contener los empleos  y no afectar a miles de familias mexicanas. Sí, quizás las medidas no han sido las más acertadas y parecierá que podrían ejecutarse de mejor manera, pero siempre estarán encaminadas para el bien común.  

Por: Enrique Misael Garduño Pérez

Es egresado de la Licenciatura en Contaduría por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, actualmente se desempeña como auditor en la firma BHR ENW Group México S.C ubicada en la Ciudad de México. Todos en algún momento de nuestras vidas hemos reflexionado sobre los diversos problemas que afectan a nuestro país, que los origina y como poder  solucionarlos. Es por ello que Enrique a través de sus palabras busca reflejar las adversidades que millones de mexicanos viven y sufren en su día a día. Concientizar sobre la desigualdad social no es una tarea fácil, pero sin duda alguna esta lucha está encaminada en proteger a aquellos que se han quedado sin voz, a los que defendieron sus derechos y se los arrebataron de manera injusta y así poder ser esa luz que los guíe hacia una vida digna.