Ésta semana, dando seguimiento al tema expuesto la semana pasada, se continúa con la temática de la privacidad digital. La importancia de este tema deriva del uso constante y diario que la tecnología y los medios de comunicación representan en el día a día.

En 2016, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, aprobó una resolución para la “promoción, protección y el disfrute de los derechos humanos en Internet”. Esto quiere decir, que prohibir o impedir el acceso a Internet será considerado una violación de los derechos humanos. Se entiende que el uso del internet “facilita enormes oportunidades para la educación asequible e inclusiva a nivel mundial”.

En México, conforme a datos de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH 2019), se advierte que 80.6 millones de las personas tienen acceso a Internet, de ellos el 47.7% se encuentran en zonas rurales. La brecha digital es evidente pues, los usuarios conectados en zonas urbanas son un 76.6 por ciento, comparado con el 47.7 por ciento que se presenta en las áreas rurales.

La inmersión de la tecnología y el acceso al internet ha tenido un notable incremento en el país. La cantidad de información y datos de los usuarios que se maneja internacional y nacionalmente en la web es inmensurable. Una manera sencilla de darnos cuenta del intercambio de la actividad de los usuarios es por medio de los anuncios que nos aparecen sobre productos, o búsquedas anteriores.  

El conocimiento de conceptos básicos sobre privacidad e intimidad digital son necesarios para crear redes seguras en la web. De manera simple, la privacidad digital hace referencia al derecho de los usuarios a proteger sus datos en la red y decidir qué información está visible para el resto.

La privacidad digital refiere en especial, a toda la información de un usuario que circula por internet, incluyendo los datos personales como el nombre, teléfono, domicilio, entre otros; las imágenes, vídeos, correo electrónico, geolocalización, historial de navegación, IP o cualquier otro dato que permita la identificación de un usuario en la red; y, también refiere, a la transmisión de datos a través de tiendas online, aplicaciones, servicios de mensajería instantánea.

El concepto es tan joven como el internet mismo. La regulación de éste tema aún no está clara en varios países, como lo es México. El primer paso es identificar que todo lo que se sube a la red no puede desaparecerse fácilmente. Como siguiente paso es el implementar medidas de seguridad sobre los datos que queremos que permanezcan en privado, en este caso se aumenta la seguridad de nuestras interacciones con los medios digitales.

Una de las incógnitas actuales versa en ¿cómo la privacidad digital puede transformarse en la base de la seguridad?

La respuesta se encuentra en  la incorporación de hábitos destinados a una cultura de seguridad. En éste entendido, la seguridad y privacidad son términos que se complementan y protegen la integridad de las personas en un mundo que cambia cada vez más rápido y, que al mismo tiempo, se puede encontrar en la palma de nuestras manos con un solo click.

Por:  Ameyalli Amador

Abogada y politóloga egresada del Tecnológico de Monterrey, con especial enfoque a temas de equidad, bienestar y derechos humanos. Se ha desempeñado como asistente de investigación en materia de Estado de Derecho, ética y violencia de género, con especial interés en protección de grupos vulnerables y de descubrimiento de las nuevas vertientes del derecho cibernético. Busca la activa de distintas disciplinas para generar políticas de bienestar. En la actualidad tiene en desarrollo estudios sobre la pobreza, el género y la tecnología como un posible factor de riesgo en la violencia de género.