Hay momentos específicos en la vida de todos los seremos humanos en los que la identidad y respuesta a la pregunta “¿quién soy yo?” toma cierta importancia. Al inicio de nuestra vida uno de los objetivos principales es adquirir experiencias que irán poco a poco sumando o restando para que podamos convertirnos en adultos “responsables y funcionales”. La base de nuestra identidad estará formada por esas experiencias primarias, que irán dando pauta a la forma que el resto de nuestras vivencias tomará para nosotros y a la importancia que algo específico puede tener para una persona.

            Los seres humanos somos entes sociales, es decir, nos reunimos en grandes o pequeños grupos que nos permitirán obtener ayuda de los otros y asegurar nuestra supervivencia. El primer grupo al que pertenecemos es nuestra familia nuclear, ahí es donde aprendemos las cosas básicas sobre supervivencia y relaciones interpersonales. Posteriormente comenzamos a formar parte de grupos más grandes, nuestro salón de clases en la escuela, algún comité o equipo escolar, un grupo de trabajo o empresa y en nuestra culminación de madurez llegamos a ser seres socialmente funcionales, que aportan de alguna manera a la sociedad que nos formo y cuido hasta que pudimos hacerlo por nosotros mismos.

                        Sin embargo, no todo es siempre así de sencillo. En la actualidad existe muchísima diversidad sobre los matices de gustos y preferencias que pueden formar parte de la identidad de una persona. Esta variedad puede ir desde gustos de vestimenta, intereses y diversiones hasta aspectos más relevantes en la vida de un individuo como identidad de género, sexual y capacidad amorosa.

            Como expliqué anteriormente, nuestra identidad está formada por las experiencias que tenemos a lo largo de la vida, somos básicamente un cúmulo de vivencias acomodadas de manera funcional. Pero ¿qué sucede cuando las experiencias son tan diversas que no pueden acomodarse funcionalmente? En la actualidad, los niños y adolescentes tienen acceso a una gran cantidad de información online que no está cuidada ni restringida, por lo tanto, están también constantemente expuestos a la posibilidad de tener experiencias muy adelantadas para su edad y momento del desarrollo, lo cual lejos de ayudar puede ocasionar confusión y trastornos de la identidad y personalidad.

            Conociendo que la diversidad de gustos y preferencias es precisamente lo que nos hace tan increíbles como seres humanos, es también importante poder resaltar que cuando una persona tiene preferencias que salen de lo que es “común” o socialmente establecido aceptarlo puede llegar a ser un proceso difícil y en ocasiones doloroso; ahora imaginen tener que pasar por este mismo proceso de aceptación y exploración cuando quien lo está viviendo no está completamente seguro de sus deseos y preferencias porque estuvo expuesto a algunas experiencias antes de lo debido.

            Lo importante no es evitar que nuestros niños y adolescentes tengan experiencias, ¡NO! ¡Todo lo contrario! Lo vital es que podamos cuidar esas experiencias y asegurar que podrán vivir todo en sus vidas, en un momento de desarrollo en el que cuenten con la madurez suficiente para procesar la vivencia y poder incorporarla adecuadamente a su patrón de identidad.

            Con el bombardeo de información explícita que podemos encontrar en cualquier medio de comunicación y red social, lo que sucede es que los exponemos a un contenido para el que todavía no están preparados cognitivamente. Esto puede ocasionar, por un lado, dificultades en el acomodo de esa información, y por otro lado, que busquen tener experiencias por curiosidad inducida que no deberían tener todavía y que pueden perjudicar enormemente el desarrollo adecuado de su identidad.

            Para que podamos desarrollar la identidad mediante un proceso adecuado será importante que tomemos en cuenta algunos aspectos:

  • Se trata de un proceso. Por lo tanto, su desarrollo es gradual a lo largo del tiempo.
  • Está basado en nuestras experiencias. Así que puede haber cambios que desde afuera pudieran parecer bruscos y extremos.
  • Hay mucha diversidad. Cada proceso es distinto y la diversidad en gustos y preferencias es tan amplia como el número de personas que habitamos la tierra. Mantener la mente será esencial para entender el proceso y sus resultados.
  • Se vale probar antes de decidir. Tener la posibilidad de experimentar antes de decidir es vital para tomar buenas decisiones, duraderas a lo largo del tiempo.

            Recuerda: tener la experiencia no es tan importante como lo que eres capaz de hacer con eso una vez vivido; así que toma un respiro profundo y mantén la calma, vivirás todo lo que tienes que vivir, en el momento más adecuado para ti.

Por: Carmen Lizola

Egresada de la Universidad Panamericana. Licenciada en Psicología, especialista en Psicología Organizacional. Maestra en Alta Dirección por la Escuela Bancaria Comercial. Apasionada del funcionamiento de la psique y comportamiento humano. Experiencia en el ámbito de la psicología clínica y organizacional, enfocada en la creación de estrategias globales de intervención; intervenciones realizadas tanto en el ámbito público como privado, con especial enfoque en la gestión de capital humano. Amante de la naturaleza, los animales y el mar.