Oficialmente, se han iniciado las adecuaciones necesarias para poder reincorporar actividades en todo el país. Si bien, cada país va a su ritmo, la fase 1 de incorporación es un hecho. Es importante destacar que más de la mitad del país se encuentra en estos momentos en semáforo rojo. Sin embargo, los acuerdos, oficios y circulares respecto a la reactivación de distintos sectores ya fueron publicadas y las actividades poco a poco han sido retomadas.

Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) reportaron que en el continente existen 70,812 casos adicionales y 2,777 muertes únicamente el sábado pasado. La actual pandemia nos hace conscientes de un importante problema en Salud Pública, pero no es el único y claramente no nos debemos olvidar de los demás, pues pese a esto, el mayor problema de salud al que la humanidad se enfrenta es la pobreza.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) 195 millones de personas han de perder su empleo durante el segundo semestre de 2020. Aunado al empobrecimiento de grandes sectores de la población han de tener como resultado el aumento de enfermedades y la mortalidad en el mundo.

Para entender el comportamiento actual, es necesario plantear algunas características principales de la sociedad moderna. Gestionar este tipo de crisis, como la pandemia, depende de varios factores propios de sociedades líquidas, definidas éstas, como una sociedad sin valores sólidos y en la incertidumbre por la rapidez extrema en la que los cambios han debilitado los vínculos humanos, como lo refirió Zygmunt Bauman.

Entonces, identificamos la inmediatez de cualquier cosa, que estimula nuestras emociones para pasar al olvido. Por otro lado, tenemos la infodemia, que la OMS define como el exceso de noticias sobre un problema que dificulta la solución, y a esto agregamos las noticias falsas que bombardean sin descanso sobre la actual situación de varios países.

En consecuencia, otros temas pierden interés, lo que sale en los medios obtiene un carácter de hiperverdad que contribuye a crear un estado de miedo irracional que tiene como resultado un pánico que domina a las personas, las sociedades, que nos vuelve más vulnerables y fáciles de dominar para imponernos cualquier medida.

En este caso, la psicología de las masas o histeria colectiva toma un papel importante. Algunos han referido que la histeria colectiva se ha convertido en la segunda pandemia. En general, las acciones colectivas implican más que solo el replicar un mensaje, pues tiene fundamento en la identidad social.

 Le Bon afirma: «En el alma colectiva se borran las actitudes intelectuales de los hombres y, en consecuencia, su individualidad. Lo heterogéneo queda anegado por lo homogéneo y predominan las cualidades inconscientes». En contraste, Gabriel Tarde, considera que el ser humano siente cierto placer en la obediencia; la credulidad otorga un gran peso al líder, y a la imitación también como forma de sugestión, misma que se encuentra en la comunicación.

Las consecuencias son claras, Moscovici nos da una respuesta, «un aumento de la ambigüedad o una supresión de los criterios objetivos se traduce en un estado de incertidumbre interna en los individuos. A partir de ese momento están predispuestos a someterse a la influencia de los demás”. Es decir, el conjunto en la ambigüedad y volatilidad de la sociedad actual generan una continua incertidumbre, que aunado con situaciones fuera del control y conocimiento de la sociedad, nos hacen susceptibles a la influencia de otros en aras de encontrar estabilidad y verdad.

Si bien, esto nos hace pensar en cuántas veces hemos caído en la histeria colectiva, la realidad es que somos sólo el resultado de varios factores que afectan a la identidad social, aunque nunca es tarde para despertar de éste letargo social.

Por:  Ameyalli Amador

Abogada y politóloga egresada del Tecnológico de Monterrey, con especial enfoque a temas de equidad, bienestar y derechos humanos. Se ha desempeñado como asistente de investigación en materia de Estado de Derecho, ética y violencia de género, con especial interés en protección de grupos vulnerables y de descubrimiento de las nuevas vertientes del derecho cibernético. Busca la activa de distintas disciplinas para generar políticas de bienestar. En la actualidad tiene en desarrollo estudios sobre la pobreza, el género y la tecnología como un posible factor de riesgo en la violencia de género.