En los últimos días hemos sido testigos tanto en nuestro país, como en países vecinos, de las terribles consecuencias que tienen en ocasiones los actos y pensamientos negativos del ser humano. Hemos observado, algunos con mucha impotencia, cómo las autoridades abusan del poder y confianza que les son otorgados y son capaces incluso de terminar la vida de una persona con la única razón de que el otro es diferente o bien, porque parece cumplir con todas las características de “peligroso” que nuestros paradigmas han insertado en los lugares más profundos de nuestros patrones cognitivos.

            Desgraciadamente, estos son sólo los últimos ejemplos que tenemos del grado que puede alcanzar la intolerancia, sin embargo, la historia de la humanidad está plagada de cientos y cientos de ellos.

            Aunque los ejemplos anteriores son claramente los extremos de las consecuencias que puede tener la poca aceptación, en nuestro día a día los seres humanos solemos sufrir, o dejar de disfrutar, porque suceden cosas en la vida cotidiana que no podemos cambiar, pero que de todas maneras tienen la capacidad de disminuir nuestra sensación de bienestar. En realidad, no son las cosas que suceden las que nos hacen pasar por momentos incómodos sino nosotros mismos, con nuestra necesidad de control y el deseo de que todo salga siempre exactamente como lo queremos o hemos planeado.

            La aceptación incondicional es un modo de pensamiento (y por lo tanto un estilo de vida) que te ayudará a disminuir la sensación incómoda que te genera cuando algo a tu alrededor no sale como lo habías pensado. La aceptación incondicional implica básicamente querer a alguien por quien es, con su forma de ser y estar en el mundo, todas sus virtudes y defectos, sin querer moldearlo a tu antojo y por el simple hecho de ser persona. De la misma manera hay que aceptar las situaciones que se nos presentan como lo que son: un conjunto de elementos que simplemente son.

            Ojo con una cosa: por supuesto que la aceptación incondicional no se trata de obligarte a ti mismo a convivir con personas que te resultan incómodas o quedarte en situaciones peligrosas o desagradables simplemente porque estás trabajando en tu aceptación. Cada uno de nosotros tiene sus propios límites y sabemos aquellas cosas con las que somos realmente intolerantes y aquellas que simplemente no podemos aceptar porque ponen en riesgo nuestra integridad física.

            Trabajar la aceptación incondicional te ayudará a entender que quienes forman parte de tu mundo, al igual que tú, tienen deseos, capacidad de decisión, virtudes y defectos y que todo esto puede, o no, estar alineado a lo que tu deseas. No importa: el hecho de que alguien no esté de acuerdo contigo o la situación esté lejos de ser lo que tu llamarías ideal no significa que tienes que darte la media vuelta y salir corriendo; si logras aceptar estas situaciones y tolerarlas encontrarás que hay muchas cosas en la vida que tal vez has dejado de disfrutar porque estabas muy ocupado buscando como cambiarlas.

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Por: Carmen Lizola

Egresada de la Universidad Panamericana. Licenciada en Psicología, especialista en Psicología Organizacional. Maestra en Alta Dirección por la Escuela Bancaria Comercial. Apasionada del funcionamiento de la psique y comportamiento humano. Experiencia en el ámbito de la psicología clínica y organizacional, enfocada en la creación de estrategias globales de intervención; intervenciones realizadas tanto en el ámbito público como privado, con especial enfoque en la gestión de capital humano. Amante de la naturaleza, los animales y el mar.