Sabemos que la violencia es uno de los principales problemas en México. En este caso en particular me gustaría exponer la situación de México con el acoso.

De manera genérica la Real Academia de la Lengua Española (RAE) define el acoso como la acción de perseguir, sin darle tregua ni reposo, a un animal o a una persona; de apremiar de forma insistente a alguien con molestias o requerimientos. Debemos saber diferenciar el acoso de la insistencia o tenacidad, sin embargo, hemos de ser conscientes de la delgada línea que separa estos conceptos.

Si hacemos una búsqueda rápida en Google, encontraremos que insistir significa repetir una o varias veces algo que se dice o se hace, para conseguir algo que se desea; mientras que tenacidad es la fuerza que impulsa a continuar con empeño y sin desistir en algo que se quiere hacer o conseguir.

En este sentido, podemos darnos cuenta de que, el acoso, se encuentra descrito en una clara denotación negativa con respecto a los conceptos anteriores. Es decir, mientras los tres conceptos puedan tener similitudes al referirse a una repetición y falta de desistimiento, hay una característica primordial del acoso, el desequilibrio o el ejercer un control.  

Entonces, al paso del tiempo se ha identificado distintas formas de acoso, clasificados o delimitados de manera primordial por el ámbito, espacio y finalidades en el que se pueden presentar, tenemos el acoso laboral o mobbing, acoso inmobiliario, acoso escolar o bulliyng, ciber acoso o ciberstalking o ciberbulliyng, acoso psicológico o gaslighting, acoso físico o stalking y acoso sexual.

En este orden de ideas cada tipo de acoso puede coexistir en un mismo ámbito de la vida diaria, es decir, podemos ser víctimas de varios tipos de acoso a la vez, ya sea que se perpetúe por la o las mismas personas o distintas en un mismo ámbito o diferentes.

Así pues, hoy haré una introducción a uno de los tipos de acoso que por cuestiones sociológicas y de comportamiento reiterado es un problema reconocido a nivel internacional por las alteraciones psicológicas que causa día a día a sus víctimas y que, aprovechando estar en cuarentena, vale la pena generar una intensa reflexión sobre el mismo, el acoso sexual.

Algunas cifras presentadas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en noviembre del 2019, cuando se presentó en Ciudad de México la campaña Dejemos de Hacerlo en contra del acoso sexual en lugares públicos son claramente alarmantes. En México, 1 de cada 3 mujeres ha experimentado algún tipo de violencia sexual en espacios públicos; 7 de cada 10 agresiones contra las mujeres, ocurridas en la calle, son de tipo sexual, tales como: piropos groseros u ofensivos, intimidación, acecho, abuso sexual, violación e intento de violación.

Cómo abordar correctamente el acoso sexual callejero en los medios ...

La representante de ONU Mujeres lanzo un mensaje crudo y contundente que nos hace pensar en una realidad colosal: la violencia machista es una causa de muerte e incapacidad tan grave como el cáncer en mujeres en edad reproductiva y provoca peores condiciones de salud que los accidentes de tráfico y la malaria combinados. El real problema del acoso sexual en lugares públicos o el acoso callejero es que su existencia diaria y permanente ha llevado a sus víctimas a resignarse y normalizarlo. En contraposición los victimarios ponen usualmente la necesidad de aceptación social en el grupo por delante de la necesidad de las víctimas (en su mayoría mujeres, adolescentes y niñas) de sentir seguridad en los espacios públicos.

Es decir, los agresores suprimen la empatía hacia las víctimas para centrarse en reforzar un vínculo con el grupo y medirse con sus pares en principio, la cotidianeidad de la agresión normaliza la misma tanto para la víctima como para el agresor.

La organización Stop Street Harassment (SSH) explica que el acoso callejero es un tipo de violencia consistente en comentarios no deseados, gestos y acciones impuestas por un extraño en un lugar público, sin consentimiento, incluye silbidos no deseados, comentarios derogatorios de carácter sexista, homofóbico o transfóbico; solicitudes persistentes que exijan datos, descripciones o información personal luego de que la persona se haya negado a proveerla.

En México este tipo de agresiones son padecidas a diario, pero no es algo que se denuncie con la frecuencia en que se presenta por vergüenza o temor. El nivel de normalización de la agresión lleva a considerarla como “algo sin importancia”, conforme la información obtenida con el informe del programa Ciudades y espacios públicos seguros para mujeres y niñas en México de ONU-Mujeres.

Parte de las deducciones, conforme los datos publicados por la Organización de las Naciones Unidas, refieren que las calles y el transporte público son espacios inseguros para 7 de cada 10 mujeres, donde al menos 3 han sido agredidas, pero, únicamente una de cada 10 se atreve a denunciarlo.

El acoso callejero estará castigado con el arresto domiciliario o ...

Conforme a datos brindados por el Instituto de Estadística y Geografía en su Encuesta de Seguridad Pública Urbana (ENSU) Enero 2020 se revela que el 19.4% de la población mayor de 18 años (mujeres y hombres) ha sido víctima de violencia sexual o acoso en lugares públicos. Como un comparativo rápido, mientras el 10.1% de hombres entrevistados manifestaron haber sufrido una situación de violencia sexual en la calle, el 27.2% de mujeres enfrentaron este tipo de violencia.

La normalización del problema es algo que se encuentra en nuestras manos poder cambiar. Pese que se tiene la información que 1 de cada 10 víctimas denuncian la agresión, son varios factores que influyen con el definir al acoso, sin contacto físico, como “algo sin importancia”. Sin embargo, este problema multifactorial se define como la explotación de los desequilibrios de poder poniendo a las víctimas en la situación más vulnerable.

Es decir, las desigualdades que alimentan la cultura de la violación son una mera cuestión de desequilibrio de poder donde la humillación y temor son las consecuencias letales en las víctimas que las vulneran de manera irreparable. El acoso es un latente peligro a la escala de la violencia, culminando con abuso sexual, violaciones e incluso homicidios y feminicidios.

Por: Ameyalli Massiel

Abogada y politóloga egresada del Tecnológico de Monterrey, con especial enfoque a temas de equidad, bienestar y derechos humanos. Se ha desempeñado como asistente de investigación en materia de Estado de Derecho, ética y violencia de género, con especial interés en protección de grupos vulnerables y de descubrimiento de las nuevas vertientes del derecho cibernético. Busca la activa de distintas disciplinas para generar políticas de bienestar. En la actualidad tiene en desarrollo estudios sobre la pobreza, el género y la tecnología como un posible factor de riesgo en la violencia de género.