Hace menos de una semana se viralizó el desgarrador video de una maestra que en medio de su clase fue violentada por su pareja.
Como respuesta se han recibido varios mensajes de apoyo y se han tomado acciones dirigidas a la protección de la maestra.


La necesidad de imágenes es nula para poder comunicar el temor, terror, impotencia, coraje, y mil y un sentimientos más que surgen al escuchar el audio. Algo que destaca del video es la forma en que la víctima se siente avergonzada, apenada que sus alumnos escucharan como la violentaban.

Esta situación es lamentable. Como se ha dicho desde columnas pasadas, la violencia es uno de los grandes problemas de la sociedad mexicana.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) infiere que la violencia es el uso intencional de la fuerza física, amenazas contra uno mismo, otra persona, un grupo o una comunidad que tiene como consecuencia o es muy probable que tenga como consecuencia un traumatismo, daños psicológicos, problemas de desarrollo o la muerte.

Tras la agresión, la maestra ha tenido el poyo y soporte de la sociedad estudiantil, sin embargo, algo que en lo personal me perturba es cuántas mujeres, niños o personas pertenecientes a los grupos vulnerables son continuamente atacados de esta forma, y lo que tienen a parte del miedo a su agresor, es la pena o vergüenza que los demás sepan que está sufriendo de violencia.

¿Qué tanto mal hemos hecho nosotros como sociedad para poder evitar que la gente que ha sido violentada hable sobre ello? El imaginar que alguna persona busque evitar a toda costa que se sepa que ha sido violentada o violentado, no es absurdo. Tal parece que el ser abusado es una vergüenza, cuando lo que debería de ser una vergüenza es ser abusador.

Será que inconscientemente colocamos en una idea de fortaleza o superioridad al abusador, y en una percepción de debilidad al abusado, cuando estamos hablando de una situación desagradable y alarmante.


Lo primero que debemos hacer como sociedad es reconocer que esta situación está mal. Y no solamente por el hecho que se viralizó el video y es políticamente erróneo opinar en contrario, sino realmente reconocerlo en nuestras vidas, hacer conciencia de la crisis que México vive en violencia de género.

El violentómetro, una herramienta realizada por el IPN, por la Unidad Politécnica de Gestión con Perspectiva de Género hace más de 10 años, recopilar las diferentes manifestaciones de violencia que en su principio parecen inofensivas. Algo interesante del estudio es que se realizó con una muestra de propios estudiantes, definiendo así la violencia, principalmente en las parejas, en 27 “niveles”.

Es interesante como tras décadas de reconocer el problema aún hay gente que niega su existencia o se hace de oídos sordos, parecemos continuar en pañales para enfrentarlo.

@ameyalliamador

Por:  Ameyalli Amador

Abogada y politóloga egresada del Tecnológico de Monterrey, con especial enfoque a temas de equidad, bienestar y derechos humanos. Se ha desempeñado como asistente de investigación en materia de Estado de Derecho, ética y violencia de género, con especial interés en protección de grupos vulnerables y de descubrimiento de las nuevas vertientes del derecho cibernético. Busca la activa de distintas disciplinas para generar políticas de bienestar. En la actualidad tiene en desarrollo estudios sobre la pobreza, el género y la tecnología como un posible factor de riesgo en la violencia de género.