Vista de una reproducción a gran tamaño de una estatuilla de los Oscar. Imagen de archivo. EFE/John G. Mabanglo
La próxima edición de los premios de la Academia de Hollywood se perfila como una de las más tensas de los últimos años. La Premios Óscar llegará a su 98ª edición en medio de un clima internacional marcado por conflictos geopolíticos, debates migratorios y una creciente polarización política en Estados Unidos.
La ceremonia se celebrará en el Dolby Theatre, en Los Ángeles, bajo la sombra de diversas controversias políticas que han dominado el debate público en los últimos meses, entre ellas las reformas migratorias impulsadas por el gobierno del presidente Donald Trump y el contexto de tensiones internacionales, incluido el conflicto en Medio Oriente y la escalada bélica con Irán.
Tradicionalmente, las grandes galas de premios suelen evitar pronunciamientos políticos directos para no generar controversias institucionales. Sin embargo, en esta ocasión se espera que varias figuras del cine utilicen el escenario para expresar posturas sobre temas sociales y políticos, algo que ya ha comenzado a reflejarse en alfombras rojas y eventos previos.
En meses recientes, diversos artistas de Hollywood han aparecido públicamente con el pin “ICE Out”, un símbolo que representa su rechazo a las políticas de deportación masiva implementadas por el gobierno estadounidense. Este gesto surgió tras una ola de protestas en el país luego de la muerte de la activista Renée Good en Minneapolis, presuntamente a manos de agentes federales, hecho que provocó indignación en diversos sectores de la sociedad y entre figuras del entretenimiento.
También han aparecido manifestaciones simbólicas relacionadas con el conflicto en Medio Oriente. Algunos artistas han portado pines rojos con la leyenda “Artists4Ceasefire”, con los que expresan su apoyo a un alto al fuego y a la entrega de ayuda humanitaria en la región.
La creciente tensión política también ha tenido impacto en las medidas de seguridad alrededor de la ceremonia. En los días previos a la gala se registró un incremento en la vigilancia en los alrededores del teatro después de que el FBI emitiera una alerta relacionada con un posible ataque con drones en California vinculado a Irán. Sin embargo, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, aseguró posteriormente que no existe una amenaza real contra el territorio estadounidense.
Entre las voces más críticas dentro del mundo del cine destacan el actor español Javier Bardem, el brasileño Wagner Moura y el estadounidense Mark Ruffalo, quienes han manifestado públicamente su preocupación por la situación internacional y por diversas políticas gubernamentales.
Bardem, por ejemplo, ha expresado su postura sobre el conflicto en Gaza en distintas apariciones públicas, mientras que Ruffalo ha participado en iniciativas que promueven llamados al alto al fuego en la región. Moura, por su parte, nominado este año al premio a Mejor Actor por la película The Secret Agent, ha centrado su discurso en la defensa de los derechos de los trabajadores migrantes que participan en la industria del entretenimiento.
Pese al ambiente político que rodea a la ceremonia, los organizadores buscan mantener un equilibrio entre el entretenimiento y la expresión social. El presentador de esta edición, el comediante Conan O’Brien, ha señalado que la gala intentará mantener un tono festivo sin ignorar completamente la realidad del contexto internacional.
“Creo que lo que está sucediendo en el mundo requiere encontrar un equilibrio muy fino entre entretener al público y reconocer algunas realidades”, comentó durante una rueda de prensa previa a la ceremonia.
Por su parte, el productor de la gala, Raj Kapoor, afirmó que el espectáculo seguirá siendo un espacio para celebrar el arte cinematográfico, aunque sin dejar de reconocer el momento histórico que atraviesa el mundo.
La historia de los Óscar está llena de momentos en los que el escenario ha servido como plataforma para mensajes políticos o sociales. Entre los más recordados se encuentra el discurso de Meryl Streep en los Golden Globe Awards de 2017, cuando criticó las políticas migratorias del entonces presidente Trump.
Otro episodio memorable ocurrió en 2003, cuando el documentalista Michael Moore criticó la guerra en Irak durante su discurso de aceptación. Sin embargo, uno de los momentos más emblemáticos ocurrió en 1973, cuando Marlon Brando rechazó su estatuilla por la película The Godfather y envió en su lugar a la activista Sacheen Littlefeather para denunciar el trato que la industria daba a los pueblos indígenas.
Con este historial de discursos y gestos políticos, la edición número 98 de los Óscar llega en un momento especialmente delicado para la política internacional y para la industria del entretenimiento, que vuelve a enfrentarse al debate sobre el papel que debe jugar el cine frente a los grandes temas sociales y políticos de su tiempo.