Es momento de aceptarlo, desgraciadamente hoy, en pleno Siglo XXI, la salud mental y su tratamiento siguen teniendo un estigma que todavía nos es difícil definir como sociedad.

A lo largo de muchos años las “dolencias” que corresponden a la salud mental eran catalogadas como realmente graves, incluso al punto de que quienes las padecían eran encerrados (y ocultados) en instituciones para su “atención” donde en realidad el objetivo que se estaba persiguiendo era ocultarlos de la sociedad y así, evitar la pena que solía estar asociada a que algún miembro de la familia tuviera algún padecimiento mental.

Hoy por hoy sabemos que este concepto es completamente erróneo, que la mente es parte integral (e importantísima) de nuestro cuerpo y por lo tanto, sus dolencias deben ser tratadas como un padecimiento más. Sin embargo, el estigma asociado a las enfermedades mentales ocasiona todavía que exista un grado importante de desinformación; y que quienes lo sufren y quieren buscar ayuda, no estén seguros por donde empezar.

En realidad, el primer paso es el mismo que cuando se tiene alguna otra dolencia, hay que preguntarse ¿qué te duele? y entonces acudir con el especialista de salud adecuado, que en este caso sería un psicoterapeuta o un psiquiatra. Pero… ¿cómo saber con cuál de los dos asistir?

La respuesta es simple: ante la duda, acude con un psicoterapeuta. Es importante que él / ella pueda hacer una evaluación objetiva y concreta sobre los síntomas que estás presentando y juntos puedan fijar objetivos terapéuticos y, en caso de ser necesario, terapia multidisciplinaria.

Existen muchas corrientes de psicoterapia a la cual podrías asistir, mi personal favorita, es la Cognitivo Conductual (TCC), ya que es la que cuenta con mayor sustento científico sobre los cambios y beneficios que “la terapia hablada” ocasiona en nuestro cerebro. La premisa básica de este tipo de terapia es el hecho de que nuestros pensamientos guían nuestro actuar, por lo tanto, al trabajar en el contenido de éstos podemos modificar (casi de manera inmediata) la manera en la que nos conducimos en el día a día.

Sin embargo, es muy importante reconocer que nuestro cerebro y el contenido de nuestros pensamientos está permeado en gran parte por nuestras experiencias, sin embargo, hay también una parte importante que es controlada por los neurotransmisores y sustancias que nuestro cerebro genera de manera natural. En algunas ocasiones estas sustancias no tienen el equilibrio adecuado (ya sea porque no generamos suficiente, o bien, porque no los absorbemos como deberíamos) y es ahí, donde es muy importante el papel de los psicofármacos.

La función principal de los medicamentos en el tratamiento de la salud mental es equilibrar la cantidad de neurotransmisores que existen en nuestro cerebro, y de esta manera, facilitar el reacomodo de las redes neuronales que generan nuestro pensamiento. Ósea: los fármacos cambian la química de tu cerebro y permiten, literalmente, que seas capaz de generar ideas distintas.

Es debido a esto que no todos los casos de personas que viven con algún padecimiento de salud mental requieren de psicofármacos y también es esta la razón de porque en algunas ocasiones únicamente es necesarios tomarlos por un tiempo corto y en otras el tratamiento debe darse mucho más a largo plazo. Básicamente: todo dependerá de la química “base” que tenga tu cerebro.

Lo que si es muy importante es que acudas con especialistas bien preparados y que te generen toda la confianza, al final, les estarás contando los detalles más íntimos de tu vida.

Y recuerda: tu mente es un órgano más de tu cuerpo y merece tanto amor y cuidado como el resto.

Por: Carmen Lizola

Egresada de la Universidad Panamericana. Licenciada en Psicología, especialista en Psicología Organizacional. Maestra en Alta Dirección por la Escuela Bancaria Comercial. Apasionada del funcionamiento de la psique y comportamiento humano. Experiencia en el ámbito de la psicología clínica y organizacional, enfocada en la creación de estrategias globales de intervención; intervenciones realizadas tanto en el ámbito público como privado, con especial enfoque en la gestión de capital humano. Amante de la naturaleza, los animales y el mar.