¿Alguna vez has tenido la sensación de tener un miedo o preocupación incontrolable, sin poder identificar qué lo está causando? ¿lo has sentido más de una vez? ¿te pasa seguido? … probablemente lo que estás sintiendo no es miedo o preocupación, sino ansiedad.

Lo primero que tienes que saber sobre la ansiedad es que es un estado mental, es decir, aunque en muchas ocasiones tiene repercusiones físicas y fisiológicas, su origen siempre será tu propia mente. Ésta se origina a partir de situaciones reales que causan a la persona miedo, estrés o preocupación, sobre las cuales comienza a perder control hasta que la situación se vuelve completamente desproporcionada con aquello que la ocasionó.

La ansiedad es un mecanismo adaptativo, que tiene como función principal que el sujeto se encuentre alerta en situaciones que podrían resultar de peligro; grados bajos de ansiedad nos ayudan a mantener la concentración y tener todos nuestros sentidos en alerta para afrentar cualquier reto que se nos presente.

Pero entonces, ¿cuál es el problema de la ansiedad? El problema real de este mecanismo de defensa natural de nuestra mente es cuando se sale de control y se pierde proporción ante lo que está sucediendo. Altos grados de ansiedad ocasionan que el sujeto se sienta completamente paralizado e indefenso; cuando esto se presenta en momento inadecuados o es tan intenso que interfiere con las actividades cotidianas de quien lo sufre, entonces estamos hablando de un trastorno de ansiedad.

Existen distintos tipos de trastornos de ansiedad que van desde la ansiedad generalizada hasta trastornos muy específicos y aunque todos son detonados por diferentes ideas y situaciones y tienen síntomas específicos, algunos de los síntomas generales de la ansiedad son los siguientes:

  • Preocupación persistente y desproporcionada acerca de un tema en específico
  • Percibir situaciones y acontecimientos como amenazantes, incluso cuando no lo son
  • Dificultad para lidiar con situaciones de incertidumbre
  • Dificultad para tomar decisiones por miedo a equivocarse
  • Dificultad para concentrarse o sensación de que la mente se pone “en blanco”
  • Incapacidad para dejar de lado la preocupación
  • Sensación de nerviosismo constante o de estar “al límite”

Estos síntomas son los principales y como se mencionó anteriormente, no son los únicos que pueden presentarse en un trastorno de ansiedad ni tampoco se presentarán todos en todas las personas. Sin embargo, es muy importante mencionar que si los síntomas de ansiedad no son tratados a tiempo es muy probable que aumenten paulatinamente en frecuencia e intensidad hasta que sean completamente incontrolables; por lo tanto, si tú, o alguna persona cercana a ti, presentan uno o más de estos síntomas y éstos interfieren con sus actividades cotidianas será esencial que busquen ayuda de un profesional de la salud mental que sabrá diagnosticar lo que está pasando y sobre todo darle seguimiento a tiempo, antes de que sea demasiado tarde.

Por: Carmen Lizola