Como se dijo en la emisión pasada de la columna, partimos de la existencia de las mujeres misóginas y su forma de perpetrar actitudes machistas en la sociedad.

La misoginia femenina es más frecuente de lo que se pensaba, se presenta diariamente en conductas pequeñas pero cuestionables.

Entonces, las mujeres terminan siendo impulsadas por un odio o desprecio injustificado por ellas mismas y su género.

Frente a esta situación y en continuación con lo anteriormente expuesto, Berit Brogaard, neurocientífica de la Universidad de Miami, no solamente concuerda en la hipótesis de la existencia de mujeres misóginas, sino que la estudia a tal profundidad que ha llegado da definir cuatro perfiles de comportamiento que se han presentado.

Uno de los primeros perfiles que Brogaard expone es el llamado puritano misógino. Este perfil considera que la mujer ideal es doméstica, servil, cariñosa, amable, apacible, seductora, joven y sexualmente pura antes del matrimonio, en este entendido odia o desprecia a las mujeres que se desvían de éste ideal femenino y considera que la misión de su vida es encontrar formas de disciplinarlas.

Como segundo perfil, Brogaard refiera al autocrítico misógino.  En este perfil se mencionan a las mujeres que miran por encima del hombro a otras que no son muy femeninas, ya sea porque eligen no serlo o simplemente porque son malas actuando de manera tradicional.    Va enfocado en ver de menos a las mujeres que tienen características de los hombres, quienes deben ser alfas dominantes mientras que las mujeres, dulces y obedientes.

El tercer perfil es llamado la egoísta misógina, que define como aquella mujer que considera a las mujeres, incluso a ella, como promiscuas, manipuladoras, deshonestas, irracionales, incompetentes o poco inteligentes. Éste perfil tiende a negar su propio desprecio por sí misma, pero no por las demás mujeres.

El cuarto perfil definido por Brogaard es a la diablesa misógina, la que se ve a sí misma como superior a otras. Este perfil considera a las otras mujeres como manipuladoras, deshonestas, irracionales, incompetentes o poco inteligentes, pero de alguna manera ella está exenta. En el peculiar perfil, se pueden llegar a poseer algunas virtudes femeninas estereotipadas como la belleza y la delgadez, pero se percibe a sí misma como una poseedora de las virtudes masculinas estereotipadas de la inteligencia, la fuerza del carácter y la racionalidad.

Si bien los perfiles son complejos de comprender y más aún de diferenciar, el común denominador continúa siendo la visión estereotipada del género femenino y cómo ésta visión dicta la manera en que actúan algunas mujeres, y que no necesariamente se tiene que pertenecer a sólo un perfil.

Por:  Ameyalli Amador

Abogada y politóloga egresada del Tecnológico de Monterrey, con especial enfoque a temas de equidad, bienestar y derechos humanos. Se ha desempeñado como asistente de investigación en materia de Estado de Derecho, ética y violencia de género, con especial interés en protección de grupos vulnerables y de descubrimiento de las nuevas vertientes del derecho cibernético. Busca la activa de distintas disciplinas para generar políticas de bienestar. En la actualidad tiene en desarrollo estudios sobre la pobreza, el género y la tecnología como un posible factor de riesgo en la violencia de género.