Hablar de mutilación es demasiado alarmante. Pero la mutilación genital femenina, si bien es un tema delicado, ha tenido récord de su existencia en el continente americano, con prácticas en algunas comunidades de Sudamérica y Estados Unidos.

Su práctica se debe a temas religiosos y culturales, sin embargo, esta práctica, como su nombre lo dice, mutila no solamente el cuerpo de niñas y mujeres alrededor del mundo, sino que es un sistema de control que se basa en la mutilación de la confianza, del placer y de la dignidad en mujeres y niñas desde muy temprana edad. 

Estas practicas que han sido reconocidas como inhumanas,  por lo que se busca prohibir no solo por las repercusiones psicológicas sino por los riesgos sanitarios e incluso el riesgo de muerte que conlleva.

Hace casi un año fue que el gobierno sudanés se dispuso a aprobar una ley para criminalizar la mutilación genital femenina (FGM por sus siglas en inglés). Con este acto, Sudán se abrió un paso más a la democracia y muestra una transición que se solidificó en el respeto y vela por los Derechos Humanos Fundamentales.

Como se mencionó en columnas pasadas, sabemos que existen prácticas sociales, culturales y religiosas por las que se hacen trasformaciones o alteraciones fisiológicas.

Pero la Mutilación Genital Femenina, también llamada circuncisión femenina, es definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) define que ésta práctica consiste en la escisión total o parcial de los órganos genitales femeninos o cualquier otra lesión de éstos por motivos no médicos.

Hay testimonios de víctimas que nos relatan cómo esta práctica es hecha, en su mayoría como un rito de iniciación a la vida adulta. Como mencionamos, la Mutilación Genital Femenina responde a tradiciones muy arraigadas y supone la antesala de otros problemas como el matrimonio forzado o los embarazos adolescentes.

La práctica representa una forma de control a la vida sexual femenina, y también es un claro ejemplo de la violencia e inequidad que se presenta entre hombres y mujeres en la actualidad.

Si bien, México no tiene la obligación de erradicar una práctica de la que no se tiene registros notables que se haga dentro del territorio, sí tiene la obligación de verificar el cumplimiento de los derechos humanos y de quienes le pidan ayuda en el ámbito. Cabe mencionar, que el que México no tenga registros notables en la práctica de la Mutilación Genital Femenina no quiere decir que aquí no se haga.

Por ultimo, nos encontramos que conforme a datos recabados por la Organización de las Naciones Unidas según una encuesta reciente de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) es la violencia y no la pobreza lo que hace huir a la gran mayoría de Refugiados centroamericanos que han llegado a México. En estadísticas 46% de los refugiados prefieren quedarse en México y 30% prefieren ir a EUA o a otro país. Lo que lleva al estado a una necesidad de, también, fortalecer el sistema de asilo.

Un paso para la dignidad, un avance para la humanidad.

POR: AMEYALLI AMADOR @amemassiel

Por:  Ameyalli Amador

Abogada y politóloga egresada del Tecnológico de Monterrey, con especial enfoque a temas de equidad, bienestar y derechos humanos. Se ha desempeñado como asistente de investigación en materia de Estado de Derecho, ética y violencia de género, con especial interés en protección de grupos vulnerables y de descubrimiento de las nuevas vertientes del derecho cibernético. Busca la activa de distintas disciplinas para generar políticas de bienestar. En la actualidad tiene en desarrollo estudios sobre la pobreza, el género y la tecnología como un posible factor de riesgo en la violencia de género.