Si tuviera que definir con una sola palabra la característica que más define a la sociedad actual con relación a la importancia que le damos a la apariencia física y tener un estilo de vida sano sería “obsesión”. Claramente no generalizo ni digo que todos estamos en ese punto, simplemente me parece que, como sociedad, estamos realmente obsesionados con la idea de tener un estilo de vida saludable. Las redes sociales, revistas, programas de televisión, anuncios de moda, etc. están llenos de tips, ideas y novedades sobre como alcanzar “tu cuerpo ideal” y “tener el estilo de vida que siempre soñaste”. Pareciera que en realidad estamos igualando el hecho de hacer ejercicio, ingerir alimentos saludables o ser “fit” con tener una buena calidad de vida y alcanzar nuestros objetivos. Claramente es importante que cuidemos nuestra alimentación y busquemos tener buenos hábitos que nos permitan tener salud y poder disfrutar del resto de nuestras actividades; sin embargo, la línea es delgada entre el hecho de poder enfocarnos en nuestra salud y obsesionarnos con ello.

Derivado de esta obsesión se ha desarrollado un nuevo trastorno de la conducta alimentaria que los expertos han denominado “Ortorexia”; éste consiste en llevar al extremo la idea de consumir alimentos saludables. En quienes lo padecen lo primero que podemos observar es que comienzan a descartar por completo algunos alimentos de su dieta cotidiana, como alimentos procesados o harinas. Posteriormente retiran de su dieta los hidratos de carbono y conservadores, y al final, los productos de origen animal. La idea general consiste en consumir alimentos lo más natural y orgánicos posible, llegando incluso al extremo de no consumir nada que no puedan cosechar o cultivar por si mismos.

El problema real que vemos en este tipo de trastorno es que es fácil que pueda avanzar hasta convertirse en anorexia, ya que la variedad de productos que se permiten ingerir es tan limitada y la idea de consumir alimentos puros y completamente orgánicos es tan fuerte que llegan al punto de no consumir suficientes calorías en el día con tal de no “dañar” a su cuerpo consumiendo alimentos procesados en algún sentido. Como pueden imaginar, lo peligroso es realmente la probabilidad que existe de caer en desnutrición a causa de la baja ingesta calórica, abriendo la posibilidad a tener efectos secundarios altamente dañinos para nuestro cuerpo y en la mayoría de las veces irreversibles.

En la actualidad los grupos más vulnerables a sufrir este trastorno son los adolescentes, que están en proceso de definir aspectos de su personalidad y están también constantemente bombardeados con la idea de tener que alcanzar un ideal de belleza que es prácticamente imposible alcanzar mediante métodos naturales y sanos. Claro que es muy importante que podamos cuidar nuestra alimentación, consumamos alimentos que realmente nutran a nuestro cuerpo y evitemos la autointoxicación consumiendo productos altamente procesados. Sin embargo, lo ideal para poder alcanzar este estilo de vida de manera saludable es hacerlo de la mano de un profesional de la conducta alimentaria y un nutriólogo.

Tú sabes que puedes alcanzar todo lo que te propongas, incluyendo el cuerpo de tus sueños (si eso es lo que deseas); solo recuerda: todo con medida.

Por: Carmen Lizola

Egresada de la Universidad Panamericana. Licenciada en Psicología, especialista en Psicología Organizacional. Maestra en Alta Dirección por la Escuela Bancaria Comercial. Apasionada del funcionamiento de la psique y comportamiento humano. Experiencia en el ámbito de la psicología clínica y organizacional, enfocada en la creación de estrategias globales de intervención; intervenciones realizadas tanto en el ámbito público como privado, con especial enfoque en la gestión de capital humano. Amante de la naturaleza, los animales y el mar.