Hace un mes no solo te llevaste el dinero que estaba destinado para mi educación, te llevaste esa tranquilidad inexistente de poder bajar de mi auto y poder realizar cualquier actividad. Porque aunque conocía la realidad de mi país, aun confiaba.

No solo te llevaste objetos que demuestran el esfuerzo de mi familia que tú en un segundo los arrebataste sin una gota de sudor. Sino también me recuerdas el nivel de inseguridad que existe no solo en mi ciudad, sino en todo el país. Un lugar en donde te sientes más seguro en compañía de tus vecinos, de tus amigos, incluso de tus compañeros de trabajo que con la misma policía.

Policía que está destinada a proteger a la población, pero prefiere invertir su tiempo en multar a cualquiera que pase enfrente de su vehículo. Aquellas personas que no tienen como objetivo mejorar las calles de la cuidad, sino solo obtener el dinero para la siguiente comida.

Pero no, aunque te llevaste recuerdos que me pertenecen hacen años, realmente no me siento enojada contigo, sino con los espectadores. Porque mientras tú preparabas lo que sería un verdadero susto para mí, todos alrededor fingieron no ver nada. Y me duele que todos aquellos que estaban cerca no solo no tuvieron empatía por lo que me pasaba a mí, sino prefirieron evitarse problemas, porque si, esa es la realidad de México.

No estoy enojada contigo aunque por culpa de lo que te llevaste tuve que cambiar cada cerradura de mi casa, sino más bien decepcionada. Y no puedo decirte que te perdono, porque nada te justifica, ¿Tienes problemas? Sorpresa, todos los tenemos. Tú no sabes si lo que te llevaste lo iba a ocupar para medicinas o si era lo último que me quedaba para terminar el mes. Qué tal si tenía que conseguir oxígeno para un familiar o tenía alguna emergencia, no hubiera podido solucionar absolutamente nada. Porque aunque tengas una situación difícil, lo que te llevaste no te iba a resolver la vida.

Y es triste porque me recuerda que nuestra realidad es esa, si bien no todos, pero si muchos, prefieren el camino fácil antes que realmente trabajar por lo que al día a día se necesita.

Y porque mientras tú te reías por lo que ganaste ese día, tal vez durante ese momento no podía asimilar lo que paso, solo te puedo decir que así como me mostraste una de las peores facetas que una persona puede llevar por dentro, también me muestras el lado más cálido y maravilloso que alguien puede tener consigo. Porque aunque estaba asustada, no estaba sola, y si bien una palabra o un abrazo te puede cambiar por completo el día, también demuestra mil veces más que aunque existen muchas personas malas, son más las buenas.

Así que no te deseo el mal ni mucho menos, simplemente espero que yo sea la última a quien lastimas de esa manera porque nadie merece perder ni un solo suspiro a costa de alguien más.

Por: Nayelly Palacios

Concluyó sus estudios de secundaria y preparatoria en la escuela Marista, Instituto Hidalguense y a base de esfuerzo y disciplina terminó los estudios de Ingeniería Civil en el Tecnológico de Pachuca.

Es egresada de la ingeniería que ha participado en diferentes áreas como es el deporte. Formó parte del equipo representativo de básquetbol, durante 3 años consecutivos.

Así como inició una educación básica en guitarra contemporánea en la cual tuve algunas presentaciones en la Escuela de Artes de Pachuca.

Sigo creciendo y aprendiendo, y voy en busca de cada día ser una mejor persona que aporte algo a la sociedad.