Conforme han ido avanzando los días de la cuarentena me he percatado que mi estado de ánimo y expectativas sobre la situación se han ido modificando. Cuando todo esto empezó pensaba que sería por un periodo corto de tiempo y que pronto estaríamos haciendo nuestra vida normal, con todas las actividades que estábamos acostumbrados a hacer antes de que todo esto iniciara.

            Después comencé a adquirir una rutina con el trabajo desde casa, la imposibilidad de convivir de cerca con mi familia y amigos y empecé a sentir estas nuevas limitantes sociales como partes de la cotidianidad que conforma mi día a día. Sin embargo, a últimas fechas he comenzado a notar la presencia de elementos que los psicólogos internacionales han empezado a definir como “secuelas de la nueva normalidad”; síntomas parecidos a lo que encontraríamos en un trastorno del estado de ánimo, sin que necesariamente estemos presentando síntomas de un trastorno digno de diagnóstico.

            Dichos síntomas pueden estar en un rango dentro de lo siguiente: dificultades para conciliar el sueño o dormir toda la noche, modificaciones en el ciclo sueño-vigilia, modificaciones en hábitos alimenticios, pérdida de motivación para realizar actividades de la vida cotidiana, dificultades para concentrarse, sensación de hartazgo ante dificultades mínimas, entre otras cosas.

            He escuchado a algunas personas referir que han dejado de ver las noticias o seguir páginas específicas en redes sociales, porque, además de los síntomas mencionados anteriormente, están también presentando angustia a raíz de la negatividad constante a la que se enfrentan en los medios de comunicación.

            Ya lo hemos dicho antes, no tenemos ningún control sobre la situación y mucho menos posibilidades de mejorarla por nuestra propia cuenta (además de seguir las recomendaciones de sana distancia), por lo tanto, además de la generación de tolerancia a la incertidumbre que todos hemos estado desarrollando, aquí hay algunas recomendaciones que pueden ayudarte a no perder (tanto) la cabeza:

  • Aislarse de noticias sobre el virus. Todo lo que necesitamos saber sobre como funciona, como se contagia, métodos para tratarlo y mucho más ya lo sabemos, así que mejor aléjate del tema y dale oportunidad a tu mente de concentrarse en algo más.
  • Evita contar el número de muertos. No es un score, y desgraciadamente, tampoco una medida objetiva sobre cuándo puede mejorar la situación; evita este elemento ansiogénico y aléjate de las estadísticas.
  • Evita enviar mensajes fatalistas. No todas las personas tienen la misma fortaleza mental y no sabes cual es el punto de quiebre de la persona con la que estás compartiendo esos mensajes; sé consciente con los demás y evita estos mensajes.
  • Busca actividades recreativas. No importa lo que elijas; escuchar música, juegos de mesa, pintar o cualquier otra cosa que te permita mantener tu mente ocupada.
  • Haz lo que te traiga paz. Aprende a escuchar a tu mente y tu cuerpo y date a ti mismo lo que necesitas; si aún no estás listo para salir de casa o convivir con otros (incluso con la sana distancia) ¡no lo hagas! Tampoco hay tanta prisa.
  • Confía en que todo pasará. Nada es para siempre, la situación eventualmente mejorará. Aférrate a esto en los días difíciles y verás que todo, todo, estará bien.
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Por: Carmen Lizola

Egresada de la Universidad Panamericana. Licenciada en Psicología, especialista en Psicología Organizacional. Maestra en Alta Dirección por la Escuela Bancaria Comercial. Apasionada del funcionamiento de la psique y comportamiento humano. Experiencia en el ámbito de la psicología clínica y organizacional, enfocada en la creación de estrategias globales de intervención; intervenciones realizadas tanto en el ámbito público como privado, con especial enfoque en la gestión de capital humano. Amante de la naturaleza, los animales y el mar.