No es lo mismo ver los toros desde la barrera que torear en el ruedo.

El idealismo, doctrina filosófica que antepone la idea a la realidad ganó terreno en México a partir de los movimiento populares de protesta de la década de los 60 fue el principal motor que llevó a millones de mexicanos a buscar lo imposible, cambiar a México, cambiar las condiciones de millones de personas a las que nunca les hizo justicia la revolución.

El problema fundamental del idealismo es que la realidad es terca, y está acostumbrada ser vista, no te puedes voltear o meter la cabeza en un hoyo para que desaparezca, porque tu no la vez pero otros millones sí.

Tampoco la puedes convencer de desaparecer con palabras, o por decreto, si así fuera ya estuviéramos viviendo en el México que nos prometieron hace año y medio.

La realidad es y punto.

Se puede negar, sí así lo hacen muchas personas todos los días, desde la que están convencidas que su pareja les pega porque las quiera, hasta los que sugieren que la pandemia actual de coronavirus es un invento para controlarlos.

Pero entonces puede un gobernante ser idealista, sí claro, tiene que serlo sino como podría imaginar el país que quiere construir durante su mandato, una característica esencial para ser gobernante es el tener la capacidad de soñar lo que podemos ser, como lo hacemos las personas mismas con nosotros, con nuestros hijos o seres queridos.

El problema es que también debe ser práctico y audaz, debe ser capaz de reconocer los cambios que la realidad le impone, para bien y para mal.

Y si un jefe de estado que se empeña en negar la realidad, pues créanme que el chingadazo de realidad será brutal, así le pazo a Hitler cuando no quiso ver la locura de la guerra que comenzó, los gobiernos de Italia, Francia, EEUU y China, cuando vieron las señales de nueva pandemia.

Y Lopez, quien fiel a su costumbre primero negó, acusó y chantajeó, antes de aceptar que sí, que sus pinches estampitas no lo protegen ni a él ni a nadie, que o paramos o paramos, aunque se caiga la economía, porque se puede vivir en la pobreza, pero no se puede ser presidente sin votantes.

Y regañadientes tuvo que entender que la realidad es la realidad.

Y ahí vamos otra vez los idealistas  a luchar contra la realidad  a tratar de cambiarla, a tratar de sobrevivir otra crisis, una más de nuestra historia.

El problema es que ninguno de los líderes mundiales parece tener alguna idea concreta y efectiva de cómo vamos a salir del hoyo en el que estamos.

Son los idealistas los que están proponiendo nuevas salidas, nuevos comportamientos sociales, nuevos esquemas de redistribución de la riqueza, nuevos métodos de soluciones, mezclar soluciones capitalistas con socialistas, trasferencias de dinero a los más necesitados y otorgar subsidios y créditos a las empresas.

El problema es que un presidente no puede ser 100% idealista, ni obstinado, así que esperemos que Lopez esté a la altura de la crisis que hoy enfrenta, y si no tendremos que ser los mexicanos – como siempre- quienes encontremos soluciones para continuar con nuestro crecimiento.

O como pienso yo…

Con López o sin López México debe seguir.