En esta columna se ha hecho alusión acerca de los beneficios de la COVID-19 en cuanto al crecimiento de la economía digital o la “nueva” forma de trabajo llamada “home office”. La repentina aparición de este virus propicio a que la Organización Mundial de la Salud (OMS)  instara a los gobiernos de enfrentar este problema con seriedad, tomando medidas preventivas como el confinamiento. Conforme fue creciendo la ola de contagios, la población a nivel mundial, tenía la obligación de quedarse en casa y trabajar a distancia, siempre y cuando la naturaleza de su trabajo lo permitiera. Si bien es cierto, algunas organizaciones años atrás ya habían implementado este esquema, otras no estaban preparadas y tuvieron que arriesgarse para seguir operando. Sin embargo esta modalidad hizo que el mundo experimentara uno de los cambios más grandes y extensos de la historia: el teletrabajo.

A través de los años, el “home office” ha crecido de manera paulatina  pero fue hasta la llegada de la pandemia que tuvo que forzar y acelerar su adopción por parte de los trabajadores. Situándonos en el escenario de la COVID-19, el teletrabajo o home office ha sido una herramienta con múltiples ventajas. Una de ellas es que reduce los gastos de las organizaciones y permite a las empresas seguir operando con cierta normalidad. Si estuviéramos en circunstancias no atípicas, las bondades serian la reducción del traslado al trabajo, evitar el estrés del tráfico y  mejorar el equilibrio entre la vida laboral y familiar. Aunque este modelo a traviesa por un proceso de transformación aún tiene ciertos riesgos implícitos que citaremos más adelante.

Para seguir con este escrito, tenemos que definir este concepto y la Organización Internacional del Trabajo  (OIT) menciona que “El teletrabajo es el uso de tecnologías de la información y las comunicaciones –como teléfonos inteligentes, tabletas, computadoras portátiles y de escritorio– para trabajar fuera de las instalaciones del empleador”. También  es importante resaltar que para llevar a cabo este esquema en cualquier empleo, debe existir un acuerdo mutuo entre el trabajador y el empleador.  Además, otras cuestiones que se ponen bajo la mesa es la jornada laboral, los días que se van a trabajar y las herramientas que el patrón proporcionará para realizar las actividades.

Como mencionamos anteriormente, el teletrabajo está en un proceso de transformación y existen ciertas cuestiones que se tienen que definir. Estudios han resaltado que esta modalidad hace que los empleados trabajen más horas que cuando acudían a las instalaciones. Esto ocasiona una desventaja a los trabajadores que tienen hijos o cuidan a personas de la tercera edad, teniendo que hacer un esfuerzo adicional para cumplir con sus responsabilidades. En algunos casos comienzan a “chambear” desde muy temprano o prolongan su jornada a altas horas de la madrugada, con descansos muy cortos para el cuidado de los niños, su educación, tareas domésticas, etc. Entonces ante estos escenarios, los directivos se enfrentan a dos situaciones. La primera es que su personal trabaje en lugares diferentes. La segunda es sobre los horarios de los trabajadores y la delegación de tareas en las cuales inhiben el descuido de sus demás obligaciones.

Partiendo del párrafo anterior, tenemos que considerar otras variantes para saber si es conveniente trabajar a distancia. Por ejemplo: las personas puedan tener acceso a internet así como una  computadora personal, son puntos clave que nos ayudarían a trabajar desde casa. También se ha comprobado que esta modalidad aumenta conforme al desarrollo económico de los países. Es decir, en los países que tienen un gran campo laboral en el uso de las TIC’s como servicios profesionales, servicios especializados, agencias de seguro y algunos campos en el sector público, es conveniente este esquema. Por el otro lado, en los países que dependen mucho de los sectores económicos como la construcción, la industria manufacturera, el turismo, la agricultura y ganadería es complicada llevarla a cabo.

En México el contexto del home office, no había tenido tanto auge hasta la llegada del brote del coronavirus, por este motivo las autoridades competentes decidieron reformar este modelo. El 11 de marzo, el Congreso Mexicano aprobó las iniciativas para reconocer legalmente el teletrabajo, mismas que fueron enviadas al Presidente López Obrador para su publicación en el Diario Oficial. Uno de los puntos clave de esta reforma es que se considera teletrabajo si las personas desarrollan sus actividades más del 40 por ciento en casa. Al igual tiene un principio de reversibilidad,  ósea se puede volver a la forma presencial si resulta no conveniente. Las nuevas obligaciones para las empresas es otorgar herramientas de trabajo como: equipo de cómputo, sillas ergonómicas e impresoras. Al igual, incluye el pago de servicios de forma proporcional como la electricidad y el respeto a la desconexión al terminar la jornada laboral.

Por otra parte, los derechos de los trabajadores erradican en recibir el equipo de trabajo para hacer las actividades, tener seguridad social, que su salario sea pagado en las fechas estipuladas y que perciba el costo de los servicios como internet y luz. Entre las obligaciones se encuentra el cuidado del equipo otorgado, utilizar los sistemas operativos para la supervisión de las actividades e informar con honestidad sobre los costos de los servicios de telecomunicaciones. Por último, para implementar el teletrabajo, se formalizará mediante un contrato escrito con las condiciones ya establecidas, en donde ambas partes tendrán que conservar un ejemplar. En caso de que exista un contrato colectivo entre sindicatos y empresas, también deberá agregarse una copia gratuita a cada una de las personas que se desempeñen bajo este esquema.

Como nos pudimos percatar, son demasiados los puntos a considerar sobre el teletrabajo y su reforma, no basta con una columna, así que más adelante hablare de manera detallada. Aun así esta iniciativa representa un gran avance para el trabajo digno en nuestra sociedad y es una herramienta que ayuda a alcanzar los objetivos de las entidades. Es cierto, falta encaminar ciertas directrices, para una adecuada implementación del home office y su adaptación fue de manera forzada, por lo que algunas compañías son “nuevas” en el tema. Sin embargo es mérito de aplaudir a la iniciativa privada por tomar los riesgos ante un modelo desconocido  con la intención de seguir operando y poder conservar las fuentes de empleo. Para el sector público, por velar los derechos de los trabajadores ¿Ya vieron lo bonito que es cuando los senadores y diputados se ponen hacer su “chamba”? Crean leyes para la contribución de una sociedad más justa y equitativa.

Bueno por mi parte seria todo. Cuídense mucho, los veré dentro de quince días, saludos con el codo.

Por: Enrique Misael Garduño Pérez

Es egresado de la Licenciatura en Contaduría por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, actualmente se desempeña como auditor en la firma BHR ENW Group México S.C ubicada en la Ciudad de México. Todos en algún momento de nuestras vidas hemos reflexionado sobre los diversos problemas que afectan a nuestro país, que los origina y como poder  solucionarlos. Es por ello que Enrique a través de sus palabras busca reflejar las adversidades que millones de mexicanos viven y sufren en su día a día. Concientizar sobre la desigualdad social no es una tarea fácil, pero sin duda alguna esta lucha está encaminada en proteger a aquellos que se han quedado sin voz, a los que defendieron sus derechos y se los arrebataron de manera injusta y así poder ser esa luz que los guíe hacia una vida digna.